
Cuando habla, ninguna palabra se cansa ni se cae.
No más mentiras, dice. Hace ocho años, el gobierno de los Estados Unidos garantizó a los sioux, por solemne tratado, que por siempre serían dueños de las Montañas Negras, su centro del mundo, el lugar donde los guerreros hablan con los dioses. Hace dos años, se descubrió oro en estas tierras. El año pasado, el gobierno ordenó a los sioux que abandonaran los campos de caza donde los mineros buscaban oro en rocas y manantiales.
He dicho bastante. No más mentiras. Toro Sentado, jefe de jefes, ha concentrado a varios miles de guerreros de las llanuras, sioux, cheyennes, arapahos. Ha bailado tres días y tres noches. Ha clavado los ojos en el sol. Sabe.
Despierta antes del alba. Sus pies denudos se mojan en el rocío y reciben los latidos de la tierra.
Al amanecer, alza la vista más allá de las colinas. Allá viene el general Custer. Allá viene el Séptimo de Caballería.
A los nueve años, escuchó las voces. Supo que todos los seres con piernas, alas o raíces somos hijos del mismo padre sol y de la misma madre tierra, de cuyos pechos mamamos. Las voces le anunciaron que él haría florecer el bastón sagrado, el árbol de la vida clavado en el centro de la tierra de los sioux, y que montado en nube de tormenta mataría la sequía. También le anunciaron gueras y penares.
A los diez años, encontró por primera vez un hombre banco. Pensó que se trataba de un enfermo.
A los trece, Alce Negro se está bañando en el río Little Big Horn cuando los gritos avisan que vienen los soldados. Trepa a una colina y desde allí ve una inmensa nube de polvo llena de estampidos y alaridos, y de la nube huyen muchos caballos con las sillas vacías.

Vasija Negra, el jefe cheyenne, se lo había advertido cuando fumaron juntos la pipa de la paz. Custer moriría si traicionaba sus promesas, y ningún indio se ensuciaría las manos desollando su cráneo. Después, Custer incendió es campamento y el jefe Vasija Negra fue acribillado a balazos entre las llamas.
Ahora el general George Armstrong Custer es uno más entre los muertos del Séptimo de Caballería, que los indios han destrozado a orillas del río Little Big Horn. Custer se había hecho afeitar, anoche, la cabellera dorada. Su cráneo rapado luce intacto y todavía tiene esa cara más bien estúpida de los hombres que nunca han sido derrotados.
The Library of Congress. Today in History: Custer's Last
Stand [en línea]. [citado el 28 de junio de 2002]. Disponible
en:
<http://memory.loc.gov/ammem/today/jun25.html>
[ Junio | Memoria del Fuego ]
[ Eduardo Galeano ]
Última revisión: 28/06/02