Érase que se era

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1. Oda a mi generación 3:48
2. Todo el mundo tiene su Moncada  
3. No aparezcas más sin avisar  
4. Más de una vez  
5. El día en que voy a partir  
6. Palabras  
7. Nunca he creído que alguien me odia  
8. Terezín  
9. Judith  
10. Martianos  
11. La canción de la trova  
12. El seguidor de arco iris
 
13. Una mujer  
14. El papalote  
15. Fusil contra fusil
 
16. El matador  
17. Hoy es la víspera de siempre  
18. Por muchos lugares  
19. Cuántas veces al día  
20. El barquero  
21. Discurso fúnebre
 
22. Epistolario del subdesarrollo  
23. Después que canta el hombre  
24. Érase que se era  
25. Que levante la mano la guitarra  

Oda a mi generación

A los veintisiete días de mayo del año setenta
un hombre se sube sobre sus derrotas,
pide la palabra momentos antes de volverse loco.
No es un hombre, es un malabarista de una generación.
No es un hombre, es quizás un objeto de la diversión,
un juguete común de la historia
con un monograma que dice bufón.
Ese hombre soy yo.

Pero debo decir que me tocó nacer en el pasado
y que no volveré.
Es por eso que un día me vi en le presente,
con un pie allá, donde vive la muerte,
y otro pie suspendido en el aire, buscando un lugar,
reclamando tierra de futuro para descansar.
Así estamos yo y mis hermanos,
con un precipicio en el equilibrio
y con ojos de vidrio.

Ahora quiero hablar de poetas,
de poetas muertos y poetas vivos,
de tantos muchachos hijos de esta fiesta
y de la tortura de ser ellos mismos,
porque hay que decir que hay quien muere
sobre su papel,
que vivirle a la vida su talla tiene que doler.
Nuestra vida es tan alta, tan alta
que para tocarla casi hay que morir,
para luego vivir.

Yo no reniego de lo que me toca,
yo no me arrepiento pues no tengo culpa,
pero hubiera querido poderme jugar
toda la muerte allá, en el pasado,
o toda la vida en el porvenir
que no puedo alcanzar.
Y con esto no quiero decir que me pongo a llorar.
Sé que hay que seguir navegando,
sigan exigiéndome cada vez más
hasta poder seguir o reventar.

(1970)


Todo el mundo tiene su Moncada (Existen)

Menos mal que existen
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la muerte.
Menos mal que existen
los que no miden que palabra echar,
ni siquiera la última.

Se arriman
a la noche y al día
y sudan
si hay calor y si hay frío se mudan.

No esperan
echar sombra o raíces
pues viven
disparando contra cicatrices.

Escuchan
se proyectan y lloran
debajo
de sus huellas con tanto trabajo.

Se mueren
sin decir de que muerte
sabiendo
que en la gloria también se está muerto.

Menos mal que existen
menos mal que existen
menos mal que existen
para serlo.

Menos mal que existen
los que no tienen nada que perder,
ni siquiera la historia.

Menos mal que existen
los que no dejan de buscarse así
ni siquiera en la muerte
de buscarse así.

(1968)


No aparezcas más sin avisar

No me escribas más sin avisar,
no me escribas más de cosas que no vuelven,
no me escribas más así que me abandono,
no me escribas más, si después no vuelves,
no me escribas más, si después no vuelves.

No me digas más lo que pasó,
no me digas más que me enseñaste un río,
no me digas más que me suenan los dientes,
no me digas más que ya tengo frío,
no me digas más que ya tengo frío.

No te quiero ver sin corazón,
no te quiero ver como una cosa más,
no te quiero ver de nuevo brevemente,
no te quiero ver y después llorar,
no te quiero ver y después llorar.

No aparezcas más lejos de mí,
no aparezcas más, que tu sombra de palma,
no aparezcas más, que siempre me derrumbas,
no aparezcas más, tengo con tu fantasma,
no aparezcas más, tengo con tu fantasma.

Déjame cantar, como cante,
déjame cantar, dame un poco de tiempo,
déjame cantar fuera de tus fronteras,
déjame cantar a los cuatro vientos,
déjame cantar como si no te viera.

(1970)


Más de una vez

Más de una vez me han echado a la calle
por reír donde debo estar llorando,
por llorar donde debo estar riendo,
por callar donde debo estar hablando,
por hablar donde debo estar callado,
por hablar en voz baja de la fe,
por hablar en voz alta del amor.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

Más de una vez me han echado a la calle
por no sentir respeto por las flores,
por derramar comida en los manteles,
por darle de mi alcohol a algunos niños,
por desnudar deprisa a mis mujeres.
Más de una vez no tengo diversión:
más de una vez no tengo invitación.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

Más de una vez me han echado a la calle
por correr donde duermen los enfermos,
por fumar en los palcos del teatro,
por hacerle una mueca a mi maestro,
por llevar la cicuta en el bolsillo
desde que iba al colegio con un perro,
desde que me rompían la cabeza
por hablar demasiado del horror
y decirle asesino a un pescador.

Más de una vez al año hago
algo que no se puede hacer:
pateo una piedra, levanto polvo
que da deseos de toser.
Me lleno entonces de optimismo,
algo solemne quiero hablar,
pero la piedra me cae encima
y nunca puedo terminar.

(1969)


El día en que voy a partir

No te muevas.
Quiero conservar este instante así,
tú junto a la ventana como a contraluz,
yo echado en el lecho, queriendo mirar
los ojos profundos del sol
detrás de tu cuerpo feliz
desnudo, desnudo, ya es
el día en que voy a partir.

No te muevas.
Si puede estar quieta la felicidad,
si puede volverse de piedra el amor,
convierte en estatuas los días y el mar.
Quizás te comprenda mejor
o al menos conforme ya esté
repleto de piedras sin ser,
el día en que voy a partir.

No te muevas.
Y dime si es hora de irse a dormir.
Mañana me espera un sabor de mujer.
Lo tengo guardado en los ojos, y sé
que un beso muy frío será,
el beso que no me darás,
las noches los días, después
del día en que voy a partir.

(1969)


Palabras

Cuando se ande descalzo, paso a paso de viento,
cuando venga del polvo la ciudad destruida,
que alguien cante una estrofa a las manos de un muerto,
que alguien diga algún verso a su espacio de vida.

Puede ser
que sus restos no se distingan en la ciudad,
que la perfección de la piedra no luzca piel.
Puede ser que su sangre no mueva una astronave,
puede ser que sus huesos no sirvan para torres,
puede ser que una estrella brille más que su voz.
Ha pasado que el llanto se convierte en palabras,
ha pasado que un hombre se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

Cuando la muerte sea inalcanzable y rara,
cuando un mohoso grillete repose en la vitrina,
que se dé a cada hijo una flor y una bala,
que se sepa que el mundo va sembrado de vidas.

Se sabrá
que este ir y venir de piedras no se quedó,
que una lluvia lejana fue a mojar la ciudad.
Fijaremos con clavos las ventanas, los sueños,
los pedazos de tierra, la limpieza y el lodo,
las guitarras, las sillas, las piedras y el amor.
Porque ha pasado que historia se convierte en palabras,
ha pasado que el mundo se convierte en palabras,
ha pasado que todo se convierte en palabras,
palabras, palabras, palabras a granel.

(1970)


Nunca he creído que alguien me odia (o Mi asesino es el pasado)

Nunca he creído que alguien me odia,
aunque me hayan querido matar.
Tras mis asesinos se esconde otra fuerza
que sí es mi enemiga mortal.
Todos los tipos de muerte hacen cola
ante mi puerta esperando su hora.
El instrumento es quien cambia de rostro,
pero yo sé que hay un único odio.

Sé que todas las palabras
con que le canto a la vida
vienen con muerte también.
Sé que el pasado me odia
y que no va a perdonarme
mi amor con el porvenir.
Por eso manda verdugos
con todos los uniformes
mi asesino es el pasado,
aunque con mano de hombre.

Siempre que un hombre le pega a otro hombre
no es al cuerpo al que le quiere dar.
En ese puño va el odio a una idea
que lo agrede, que lo hace cambiar.
Cuando lo quieto se siente movido
todo cambia de sentido.
Y en la medida en que todo acelera
sigue cambiando la esfera.

Siempre tendré un enemigo
con el semblante arrugado
y más cansado que yo.
Los que a lo largo de su sombra
quieren cortar la medida
de toda revolución.
Y ya se dijo que es más grande,
que el más grande de nosotros.
Y ya se dijo que se hace para otros.

(1972)


Terezín

Una pesadilla blanca
de chimeneas quemando sangre
para hijos de Judea
con rara estrella y rostro de hambre.

En invierno y verano es igual
tras alambres no hay estación.
Terezin de los niños jugar
con la muerte común
mientras pintaban el cielo azul,
mientras soñaban con corretear,
mientras creían aun en el mar,
y los llevaban a caminar para no regresar.

Terezin, pelota rota.

Sed de tardes ya increíbles
saltaron locas las altas tapias,
y el amor, irreductible,
quedo colgado en alambradas de Terezin.

Terezin, pelota rota

(1968)


Judith

No puedo dejarte de ver
arañando el silencio con tus ojos
tratando de decir algo que las palabras
nunca hubieran dicho mejor.
Aquella mirada
era el resumen de la noche posado en tus ojos
con su lluvia, su viento y tu miedo al mar
y aquel sueño que te conté.

No puedo dejarte de ver
describiendo una estrella descubierta por mí
en tu erótica constelación
que no cabe en los mapas del cielo.
Tu mano dibujando en el aire
era capaz de ponerle colores
al espacio vacío que se llenaba
con la luz de la estrella brillante.

Cuida bien tus estrellas, mujer
cuida bien tus estrellas,
cuida bien tus estrellas, mujer
cuida bien tus estrellas.
Cuida bien tus estrellas, mujer.

No puedo dejar de decir
que hay idiomas perfectos por descubrir
y que son olvidados frecuentemente
en el tedio del tiempo
y hay que buscarlos,
porque los barcos y las piedras
tienen abecedarios mejores
para demostrar que son bellos sencillamente
sin palabras o esquemas.

No puedo dejar de decir
que esta triste canción a tu lado oscurece
que quizás este sea el último misterio
que mirarán tus ojos nacer de mis manos,
pues es tarde quizás para mí
y Caín me ha marcado sobre la frente
pero quiero alertarte de un gran peligro
y quisiera encenderte esta frase en la mente.

Cuida bien tus estrellas, mujer
Cuida bien tus estrellas
Cuida bien tus estrellas, mujer
y que nunca las pierdas.

(1969)


Martianos

Yo soy un grano de arena,
una hoja más en un árbol
y cada ola me enseña
y cada brisa trae algo.

No he visto todas las tierras,
no he visto todos los mares,
pero he sentido la guerra
silbando por todas partes.

Cuando nací me dijeron:
naciste por la esperanza.
Así le digo a mi hijo
y parto hacia la matanza.

Quiero que pare la muerte,
yo quiero que pare el frío
para poder dedicarme
a flor, a viento y a río.

El mundo me dio las manos,
dos reinos hacen la suerte.
Llevo una flor en la diestra
que es el reino de la muerte.

De amor yo vivo y de espada,
de boca y puertas abiertas.
Hay que vivir de una bala.
Hay que morir de una fiesta.

Qué duras son esas noches
en que queremos ser buenos
y hay que matar sollozando
y hay que morir sonriendo.

(1969)


La canción de la trova

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo,
las cosas suelen transformarse
siempre al caminar.
Pero tras la guitarra siempre habrá una voz
más vista o más perdida por la
incomprensión
de ser uno que siente, como en otro tiempo
fue también

Hay también corazones que hoy se sienten detenidos.
Aunque sean otros tiempos hoy,
y mañana será también:
se sigue conversando con el mar.

Aunque las cosas cambien de color,
no importa pase el tiempo,
no importa la palabra
que se diga para amar,
pues siempre que se cante con el corazón
habrá un sentido atento para la emoción de ver
que la guitarra es la guitarra
sin envejecer.

(1967)


El seguidor de arcoiris (o No sabe)

(A Monchi, que me la inspiró
A Luis Alberto, porque le gustaba
A Navarro, por seguidor de arcoiris)

El seguidor de arcoiris se lava las manos
con agua de lluvia y sin sacudirse
del polvo nocturno remonta el camino
que hizo la muerte que fue la primera
que abriera una trocha en la selva
que habría de alzarse la vida,
el seguidor bien lo sabe y respeta
su signo en la puerta,
su signo en la puerta,
su signo en la puerta,
su puerta con signo.

Y no sabe, y no sabe, y no sabe,
y no sabe de nada.
Y no sabe, y no sabe, y no sabe,
y no sabe de nadie.


En el fondo y en la superficie está más solo
que un simple muerto, quizás más colores
que busca los halle en las alas de un ángel
o con los demonios o en otro universo mejor
su pobre arco iris tiene dos colores
el negro y el blanco y es triste la lluvia pintada con grises,
qué cosa más triste,
qué cosa más triste,
qué cosa más triste,
qué triste y qué cosa.

El seguidor ha cargado los hijos ajenos
sobre sus rodillas gastadas pasando
quien siembre semillas tendrá que velarlas
cuando lo recuerda vacía sus bolsillos al suelo,
bota los papeles, el polvo, la hoja de afeitarse,
aunque son solo escombros que halla rodando en cunetas
de cualquier camino,
de cualquier camino,
de cualquier camino,
qué miedo a quedarse.

El seguidor de arco iris siempre se despide
nadie lo conoce a mitad del saludo
es un vagabundo lleno de recuerdos
que será olvidado por ser tan ligero
por no usar corbata ni polvo en el ceño
por irse a llorar donde lloran los perros al fondo de un patio
al fondo de un patio,
al fondo de un patio,
al fondo de un patio,
de un patio sin fondo.

(1969)


Patria Grande : Cuba : Silvio Rodríguez

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Última revisión: 9 Septiembre, 2006